La ley del garrote y la zanahoria
El pacto Milei-Trump se enfrenta a la hora de la verdad en Washington: un fallo judicial podría cambiar todo.
La Corte Suprema de los Estados Unidos no solo emite una sentencia; dicta el destino de la «paz a través de la fortaleza» que Donald Trump impuso el 2 de abril. Si el máximo tribunal ratifica los aranceles del «Día de la Liberación», la Argentina de Javier Milei se consolidará como el alumno privilegiado en una región castigada. Pero si la justicia considera que el magnate se excedió en sus facultades de emergencia, el andamiaje del acuerdo bilateral —basado precisamente en excepciones a ese castigo— podría quedar reducido a un gesto simbólico. No es solo comercio; es la validación legal de un método de gobierno que utiliza la tarifa como un arma de extorsión geopolítica.+1
El acuerdo marco, anunciado con bombos y platillos en noviembre, es un traje a medida para la alineación total. A cambio de abrir el mercado local a medicamentos, maquinaria y tecnología estadounidense —aceptando incluso los estándares de la FDA sin más trámites—, la Argentina recibiría una cuota de 80.000 toneladas de carne y la eliminación de aranceles para el acero y el aluminio. Para Aluar y Techint, este viernes es un día de respiración contenida: el aluminio representa casi el 9% de lo que le vendemos al Norte. Si la Corte anula los aranceles generales, la «ventaja» de haber negociado una excepción se evapora en un mercado que volvería a ser plano para todos.
La letra chica del pacto revela la profundidad de la entrega y la magnitud de la apuesta. Argentina se comprometió a alinear su régimen de propiedad intelectual con las exigencias del Informe 301 de EE.UU., una demanda histórica de los laboratorios norteamericanos que Milei finalmente concedió. En la visión de la Casa Rosada, este sacrificio de autonomía regulatoria es el precio a pagar por el acceso preferencial a los «minerales críticos» y la estabilización del mercado de soja. Es un esquema de «ganadores y perdedores» donde el sector farmacéutico local cede terreno para que la minería y el agro conquisten la góndola estadounidense.
Sin embargo, el factor Trump es, por definición, volátil. El presidente estadounidense ya presume de haber recaudado 600.000 millones de dólares con su guerra comercial y presiona a los jueces desde sus redes sociales. Mientras tanto, en Buenos Aires, el Gobierno espera que el fallo judicial no borre la ventaja competitiva frente a un Brasil que, con aranceles del 50%, quedó fuera de juego. La paradoja es total: el libertarismo argentino reza por la vigencia de un arancel proteccionista ajeno para poder gozar de la exclusividad de no pagarlo.
El 2026 arranca así con la incertidumbre como única moneda de cambio. Si la Corte Suprema pone límites al poder presidencial en Washington, el acuerdo Milei-Trump deberá ser reescrito sobre cenizas. Pero si le da vía libre, habremos entrado formalmente en la era del comercio por lealtad, donde los derechos de importación no dependen de la productividad, sino de la sintonía ideológica entre los mandatarios. En este péndulo, Argentina ha apostado todo a un solo color; este viernes sabremos si la casa gana o si el tablero se da vuelta.

