El estado como refugio

La gestión educativa en Tucumán transforma la emergencia climática en una política de cuidado y reconstrucción territorial.

El barro y la lluvia suelen ser, en la narrativa del abandono, la sentencia definitiva para los sectores populares. Sin embargo, la respuesta del Ministerio de Educación de Tucumán ante el temporal que paralizó la provincia no se limitó a la espera pasiva del sol, sino que activó una logística de presencia estatal inmediata. La decisión de abrir las escuelas no solo para enseñar, sino para limpiar, desinfectar y evaluar daños, marca una diferencia sustancial: el edificio público deja de ser un gasto de infraestructura para convertirse en el epicentro de la organización social.

Bajo la conducción de Susana Montaldo, el Gobierno provincial desplazó una estructura de «aprestamiento dinámico» que excede lo administrativo. Mientras el agua bajaba, los operativos de desinfección y la distribución de materiales ya estaban en marcha, demostrando que la capacidad de respuesta es la única medida real de la soberanía política en tiempos de crisis. La mirada no estuvo puesta solo en el calendario escolar, sino en la accesibilidad real, priorizando la seguridad de los alumnos y docentes sobre la urgencia estadística.

Lo que surge de este episodio es la validación de la escuela como la «primera línea» del Estado. El hecho de que los establecimientos hayan servido como centros de evacuación y nodos de solidaridad comunitaria refuerza una idea central del peronismo tucumano: la escuela es mucho más que un aula; es el lugar donde la sociedad se reconoce y se protege. El despliegue de infraestructura para garantizar el regreso a clases este lunes no es un trámite, es un acto de reparación ante la inclemencia.

Es imposible soslayar el componente humano que el oficialismo logró movilizar. El agradecimiento de la ministra a docentes y supervisores no es una formalidad retórica, sino el reconocimiento de una militancia pedagógica que permaneció en territorio incluso con las actividades suspendidas. Esa sinergia entre el personal y la gestión política permitió que la suspensión por lluvias no se tradujera en pérdida de tiempo, sino en un proceso de reorganización y acompañamiento a las familias damnificadas.

Finalmente, la normalización de los calendarios y la reprogramación de exámenes en el nivel superior cierran un círculo de eficiencia. El Estado no solo limpia el barro; ordena el futuro inmediato. En un contexto donde lo público suele ser blanco de ataques, Tucumán ofrece una respuesta contundente: un sistema educativo que no se inunda de desidia, sino que se fortalece en la solidaridad y la gestión operativa, devolviendo la esperanza a través de la acción concreta.