El juego de la ruleta rusa libertaria

El Gobierno de Javier Milei transita un campo minado de crisis estructurales y escándalos de corrupción que amenazan con un colapso antes de las elecciones de 2027.

La estabilidad del proyecto de Javier Milei pende hoy de un hilo geopolítico llamado Donald Trump. El expresidente norteamericano, principal garante ante los mercados y el FMI para que los capitales no huyan de Argentina, enfrenta un desplome de popularidad y una desaprobación del 62% en vísperas de las elecciones de medio término. Si Trump pierde fuerza o el control legislativo en noviembre, el «reaseguro» de Milei desaparecería, provocando una estampida de fondos de inversión que derivaría en una devaluación descontrolada y el fin de la frágil paz macroeconómica.

A este frente externo se suma un fango ético que ya salpica el corazón de la Casa Rosada. El «Caso Adorni» ha dejado de ser un rumor de pasillo para convertirse en un expediente judicial con datos precisos: pagos de 245 mil dólares en efectivo para remodelaciones de lujo que no coinciden con los ingresos declarados del vocero. La permanencia de funcionarios cuestionados, mientras otros caen por audios dudosos, sugiere un estado de sospecha permanente donde los secretos compartidos parecen ser el único pegamento que sostiene la estructura jerárquica.

La política territorial y legislativa también muestra fisuras que podrían ser letales. Con una imagen positiva que se ha hundido hasta el 33%, el Gobierno intenta desesperadamente eliminar las PASO para evitar que una oposición hoy fragmentada logre articular un frente de unidad «a la brasileña». Sin embargo, esta jugada depende de un Mauricio Macri que juega al misterio y de una interna feroz entre Karina Milei y Santiago Caputo, cuyo enfrentamiento ya trasciende lo político para convertirse en una guerra de filtraciones que paraliza la gestión.

En las provincias, el termómetro social ha comenzado a marcar una fiebre que el centralismo porteño ignora. El surgimiento de huelgas autoconvocadas, como las de Chubut, escapa al control de los sindicatos tradicionales y anticipa un escenario de desborde similar al de los años noventa o las jornadas de 2017. La asfixia financiera a los gobernadores está rompiendo los eslabones más débiles de la cadena social, allí donde el relato de la «motosierra» ya no encuentra oídos receptivos ante la urgencia del hambre y el desempleo.

Finalmente, el Gobierno parece apostar todo a un milagro económico en el segundo semestre: una inflación que empiece con «1» y un derrame del sector energético y el agro que anestesie el malestar. Sin embargo, la disociación entre el optimismo oficial y la realidad del campo minado es inquietante. Si las «bombas» de la corrupción, la derrota de Trump o la unidad opositora detonan en cadena, no habrá gráfico de macroeconomía que pueda contener la onda expansiva de una crisis sin retorno.