Equipamiento para impulsar el trabajo

El respaldo financiero a las cooperativas tucumanas expone la intención oficial de sostener el empleo autogestionado frente a una crisis que no da tregua.

La entrega de más de 160 millones de pesos en insumos y créditos para cooperativas no es solo un acto administrativo de gestión; es la admisión de que, en el actual escenario económico, la salida individual ha dejado de ser una opción viable para miles de tucumanos. Al capitalizar 13 proyectos productivos y financiar la precosecha cañera, el Gobierno provincial intenta blindar un sector que agrupa a cerca de 10.000 trabajadores que, de otro modo, quedarían fuera del circuito formal de ingresos.

La inversión de $118.060.495 en equipamiento a través del programa “Buen Trabajo” y los $50 millones destinados a la zafra 2026 buscan atacar la obsolescencia técnica. Como señaló el Ejecutivo, la tecnología no solo mejora el rendimiento, sino que «humaniza» la tarea. En sectores como el desmalezamiento o la producción agrícola, la diferencia entre contar con un tractor o un horno industrial y no tenerlos es, literalmente, la diferencia entre la subsistencia precaria y la posibilidad de escala.

El cooperativismo en Tucumán hoy se presenta como un refugio de contención social, especialmente para sectores vulnerables como las madres solteras o los pequeños productores cañeros golpeados por el clima. La estructura de casi 1.000 entidades funcionando en la provincia demuestra que el modelo asociativo ha dejado de ser una alternativa romántica para convertirse en una pieza estructural del motor económico local, tanto en el campo como en la ciudad.

Resulta clave la digitalización del 75% de los trámites del Ipacym. Modernizar la burocracia estatal es indispensable para que las cooperativas no mueran en el intento de cumplir con la normativa vigente. La agilidad administrativa es, en este contexto, tan necesaria como el financiamiento directo, permitiendo que las autoridades de estas entidades dediquen su tiempo a producir y no a deambular por oficinas públicas.

Finalmente, el desafío de este apoyo estatal reside en la sostenibilidad. La asistencia financiera en momentos críticos, como la precosecha tras un verano de inundaciones, funciona como un respirador artificial necesario. Sin embargo, el objetivo real debe ser que estas 10.000 personas agrupadas logren la autonomía suficiente para que el crecimiento que hoy se pregona desde los discursos se traduzca en una estabilidad financiera que no dependa exclusivamente del pulso del Estado.