Con el boleto picado

El «ciclo cerrado» del Gobierno desnuda la fragilidad de una gestión que chocó contra el poder real y sus propias torpezas.

El diagnóstico de Jorge Asís no es una mera especulación de café, sino la lectura de un sistema que ha comenzado a rechazar el trasplante libertario por incompatibilidad biológica. Al afirmar que la gestión de Javier Milei tiene fecha de vencimiento, el «Turco» pone el dedo en la llaga de una administración que, en su afán de romperlo todo, terminó rompiendo los puentes con el círculo rojo. El error táctico de atacar a Paolo Rocca en Nueva York no fue una muestra de carácter, sino un suicidio político; subestimar al acero es ignorar cómo se estructura el poder real en Argentina.

La caída en desgracia no es solo externa, sino moral. El análisis de Asís sobre el caso Adorni desmorona el relato de la austeridad con una ironía letal: el «no hay plata» se convirtió rápidamente en un «hay plata para los propios». Lo que el analista define como una «inexperiencia absoluta para la ilegalidad» describe a un funcionariado que, en su amateurismo, termina manchando la bandera del cambio con las mismas prácticas que juró erradicar, pero sin la pericia de quienes «tallan» hace décadas en la mesa de la corrupción.

Hoy, el sostén del oficialismo se reduce a un núcleo duro de antiperonismo reactivo, una construcción basada más en el espanto al «riesgo kuka» que en aciertos de gestión propios. Según Asís, este fantasma está sobredimensionado, ya que el kirchnerismo actual es un fenómeno acorralado en la geografía bonaerense. Sin un enemigo nacional de peso que justifique el ajuste perpetuo, el discurso oficial empieza a mostrar grietas por donde se filtra el retorno de figuras que, como Mauricio Macri, recuperan centralidad por el solo peso de su vigencia.

En este tablero de ciclo agotado, el peronismo empieza a olfatear el recambio, aunque Asís advierte que la supervivencia depende de la unidad y de las PASO. Con un Axel Kicillof que busca el traje de jefe político, un Sergio Uñac que ofrece la «disrupción de la normalidad» y un Sergio Massa que maneja los tiempos del suspenso, la oposición se prepara para ocupar el vacío que dejaría una derecha que no supo —o no pudo— consolidar su revolución cultural.

La conclusión es cruda: el sueño de la reelección ha muerto antes de cumplir su primer año pleno de gestión. La política argentina, siempre alérgica al vacío y a los errores de cálculo frente al poder económico, ya está diseñando la salida. Si el Gobierno no logra entender que el «círculo rojo» no se disciplina con tuits, la profecía de Asís sobre el vencimiento del mandato dejará de ser una bomba mediática para convertirse en una realidad institucional ineludible.