Las agonías de las aulas y el último refugio universitario
La cuarta marcha federal universitaria expone el colapso de un sistema asfixiado por el ajuste y la dilación judicial.
La universidad pública argentina atraviesa sus horas más oscuras bajo una estrategia de asfixia que combina el recorte presupuestario con una ingeniería de demora en los tribunales. Con una Ley de Financiamiento Universitario que lleva 200 días en el limbo y la decisión final ahora en manos de la Corte Suprema, el Gobierno no solo ignora la voluntad del Congreso, sino que empuja a las casas de estudio a un escenario de parálisis operativa. La judicialización de la política educativa es la herramienta de un oficialismo que prefiere el conflicto antes que la inversión en el conocimiento.
El panorama social dentro de los campus es calamitoso: ocho de cada diez profesores perciben salarios por debajo de la línea de pobreza, lo que ha provocado un éxodo de 10.000 docentes que ya abandonaron las aulas. Esta pérdida del 34% del poder adquisitivo desde el inicio de la gestión de Javier Milei no es un daño colateral, sino el núcleo de un modelo que busca transformar un derecho consagrado en un privilegio restrictivo. La deserción estudiantil, impulsada por el pluriempleo y el costo inalcanzable del transporte y materiales, termina de cerrar un círculo de exclusión planificada.
La crisis se extiende con dramatismo a los hospitales universitarios, donde la falta de transferencia de recursos pone en riesgo la atención de 700.000 pacientes. Mientras el Ministerio de Capital Humano se enreda en disputas mediáticas con la UBA, la ejecución presupuestaria real apenas alcanza el 10% en lo que va del año. Esta desidia estatal convierte a la salud y a la ciencia en rehenes de una batalla ideológica donde el único resultado tangible es el deterioro de las instituciones más prestigiosas del país.
Frente a la «tozudez» de un Gobierno que íntima a rectores a impedir paros y desestima la realidad inflacionaria con ofertas salariales insultantes, la comunidad universitaria ha encontrado en la movilización federal su mayor muestra de resistencia. Las marchas ya no son solo un reclamo gremial, sino una expresión transversal de la sociedad civil que se niega a ver el desmantelamiento de la movilidad social ascendente. La calle se ha convertido en el único espacio donde la «bronca privada» se transforma en acción colectiva contra la asfixia.
Este martes, la magnitud de la protesta volverá a medir el pulso de un conflicto que la Casa Rosada no logra sofocar. Si el Estado deserta de su responsabilidad de garantizar las condiciones mínimas de subsistencia para la educación superior, será la voluntad de millones la que intente frenar el fin de un ciclo. En un contexto de amenazas y provocaciones, la universidad pública argentina se planta sobre su historia para recordarle al poder que la inteligencia y la voluntad no se negocian en un Excel.

