El triunfo de la política real

La reactivación del acueducto de Vipos ratifica al Gobierno tucumano como garante de un federalismo de resultados.

En un país donde la obra pública ha sido reducida a un debate de planillas de cálculo y austeridad dogmática, la confirmación del acueducto de Vipos emerge como una anomalía de gestión pura. No es producto del azar, sino de la arquitectura de un diálogo institucional que el gobernador Osvaldo Jaldo supo edificar con el Palacio Hacienda. Mientras otros distritos se pierden en la queja estéril o el aislamiento, Tucumán ha elegido el camino de la «política de lo posible», logrando que el gobierno nacional reconozca y financie la obra hídrica más ambiciosa de los últimos cincuenta años en la Argentina.

La magnitud del proyecto —una inversión de 150 millones de dólares para beneficiar a un cuarto de millón de tucumanos— es la prueba de que el desarrollo no tiene por qué ser rehén de la polarización. Jaldo ha destrabado una gestión que languideció durante catorce años y tres mandatos previos, demostrando que la eficacia administrativa pesa más que la retórica. Al sentar en la misma mesa a Luis Caputo y a los técnicos de la SAT, la provincia no solo asegura caños y hormigón, sino que garantiza un recurso humano básico que proyecta el crecimiento de San Miguel de Tucumán y Tafí Viejo para las próximas décadas.

Técnicamente, el nuevo acueducto de 50 kilómetros representa un salto de calidad sin precedentes que permitirá triplicar la capacidad de respuesta del sistema. La mirada estratégica del gobernador se refleja en la integralidad de la obra: desde la planta potabilizadora en Vipos hasta las reservas en Cebil Redondo. Es una respuesta estructural a un problema histórico, ejecutada bajo la premisa de que el agua potable es una política de Estado innegociable. La gestión provincial ha entendido que la verdadera soberanía se construye con infraestructura que transforme la vida cotidiana de la gente.

Sin embargo, este despliegue de recursos provinciales y nacionales requiere de una contraparte necesaria: la responsabilidad ciudadana. El titular de la SAT, Marcelo Caponio, ha sido pedagógico al respecto; para que este círculo virtuoso de inversión se sostenga, es imperativo reducir los índices de morosidad. Con una tarifa que se mantiene como la más competitiva de todos los servicios públicos, el cumplimiento del pago se transforma en un acto de solidaridad social. En una empresa sin fines de lucro, cada peso recaudado es un peso que vuelve al territorio en forma de mantenimiento y nuevas conexiones.

El acta de adjudicación firmada en Buenos Aires es, en última instancia, un triunfo del realismo político sobre la parálisis. Tucumán se posiciona hoy como una provincia que sabe gestionar en la escasez, que prioriza el bienestar de sus ciudadanos por sobre las diferencias ideológicas y que tiene un norte claro: transformar el «Jardín de la República» en un modelo de eficiencia hídrica. Con el contrato a punto de sellarse y un horizonte de obra definido, la gestión de Jaldo anota un hito que define un antes y un después en la historia del saneamiento regional.