Un peronismo que madura en defensa propia

La masiva cumbre oficialista en El Cadillal demuestra que el justicialismo tucumano ha decidido sepultar sus históricas internas para consolidar un frente único frente al desamparo financiero que llega desde la Casa Rosada.

El peronismo tucumano ha decidido dar una lección de realismo político que sacude el tablero provincial. Frente a un escenario nacional hostil, donde los recursos federales se cuentagotas y el federalismo parece una vieja consigna archivada, la cumbre en El Cadillal, encabezada por el gobernador Osvaldo Jaldo, marcó un quiebre definitivo: la política de la fragmentación interna ha muerto por asfixia externa. La foto de unidad que congregó a intendentes, legisladores y referentes de todos los sectores no es un mero ejercicio de protocolo partidario, sino un cordón sanitario institucional para proteger a los tucumanos de la crisis.

El dato político más trascendente y saludable de la jornada fue la plena integración de San Miguel de Tucumán a la estrategia territorial de la provincia. Las palabras de la intendenta Rossana Chahla, definiendo el encuentro como una «reunión familiar», clausuran formalmente décadas de un divorcio destructivo entre la Capital y el Interior. Que el municipio que concentra casi el 40% de la población trabaje en sintonía fina con el Poder Ejecutivo y la Legislatura es una excelente noticia para la gobernabilidad, rompiendo con el histórico sectarismo que siempre terminaban pagando los vecinos con peores servicios.

Lejos de la rosca estéril que suele caracterizar al internismo partidario, el debate central estuvo anclado en la gestión de las urgencias. El vicegobernador Miguel Acevedo y el ministro Darío Monteros pusieron sobre la mesa la verdadera prioridad del momento: articular las arcas provinciales con los gobiernos locales para sostener la salud pública, la seguridad y las obras de infraestructura que el Gobierno nacional decidió borrar de su mapa de prioridades. Ante el abandono del puerto, la respuesta local fue el despliegue territorial y la asignación eficiente de fondos propios.

Jaldo ha asumido el rol de conductor con la templanza que exige la hora actual. Al diferenciar la responsabilidad del oficialismo frente a una oposición que muchas veces prefiere mirar para otro lado o replegarse en la comodidad de la crítica, el gobernador fijó la bandera del «Tucumán Primero» no como un eslogan electoral anticipado hacia 2027, sino como un pacto de defensa mutua. Defender los derechos de la provincia con «hasta el último hilo de voz» requiere, necesariamente, de un peronismo fuerte, ordenado y sin fisuras que pueda plantarse con autoridad ante Buenos Aires.

La madurez política demostrada en El Cadillal marca el camino para lo que viene. En tiempos donde el individualismo y la confrontación parecen ser la norma de la política nacional, que el justicialismo tucumano elija el camino de la solidaridad interna y la planificación conjunta es un síntoma de salud democrática. La unidad, en este contexto de vacas flacas, deja de ser una opción ideológica para transformarse en la única herramienta eficaz para transformar la realidad y garantizar la calidad de vida en cada rincón de la provincia.