El valor de sembrar soberanía cultural en medio de la sequía nacional
La puesta en marcha de Cine Tucumano demuestra que la articulación estratégica y la decisión política pueden blindar el desarrollo industrial de una provincia frente al abandono de los fondos federales.
En un contexto nacional donde la cultura es sistemáticamente desfinanciada y las industrias creativas sufren un feroz e implacable proceso de ajuste, el lanzamiento de la plataforma «Cine Tucumano» en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno representa mucho más que un simple hito tecnológico. La decisión del gobernador Osvaldo Jaldo de sostener y jerarquizar la Ley Provincial de Promoción de la Actividad Audiovisual es una muestra contundente de federalismo práctico: allí donde el Estado nacional se retira y apaga las pantallas, la provincia enciende motores, unifica sectores y asume un rol proactivo para proteger su identidad y su economía.
La iniciativa, que pone a disposición del público más de 80 producciones locales de forma libre y gratuita, destruye el falso dilema que intenta instalar la coyuntura macroeconómica sobre la inviabilidad del gasto cultural. Lejos de ser un gasto superfluo, la industria audiovisual dinamiza más de 25 rubros de la economía real, tracciona el turismo, genera empleo genuino de alta calificación y moviliza al sector privado. Financiar estas políticas en momentos de crisis no es un lujo, sino una inversión estratégica para evitar el apagón industrial y la fuga de talentos tucumanos hacia otras latitudes.
El gran acierto de este proyecto radica en su arquitectura de construcción colectiva. La plataforma no surge del aislamiento burocrático, sino de una sincronía perfecta entre el Estado provincial, el Consejo de Artes Audiovisuales de Tucumán, la Universidad Nacional de Tucumán, las cámaras empresariales y los desarrolladores tecnológicos locales. Esa sinergia público-privada es la que dota de sustentabilidad a la propuesta, demostrando que cuando las reglas de juego son claras y las leyes se cumplen, el sector privado se convierte en un aliado natural del desarrollo social y cultural.
Los recientes reconocimientos nacionales a las producciones locales, como el premio Martín Fierro obtenido por el ciclo filmado en Tafí Viejo, no son hechos aislados ni milagros espontáneos; son el resultado directo de una comunidad creativa madura que cuenta con un marco normativo que la respalda. Al democratizar el acceso a este catálogo —que incluye desde cine histórico hasta videojuegos de última generación—, la provincia no solo resguarda su valioso patrimonio audiovisual, sino que también estimula la formación de nuevas audiencias y posiciona a Tucumán como el polo tecnológico y cultural más importante del norte argentino.
Mantener el protagonismo institucional y presupuestario en un escenario tan adverso requiere de un coraje político que merece ser destacado. Mientras el centralismo porteño debate la desaparición del fomento a las artes, Tucumán elige transformarse en un refugio de resistencia productiva y creatividad. La puesta en marcha de esta vidriera digital es la prueba concreta de que, aun en los tiempos económicos más complejos, no se bajan los brazos cuando se tiene la absoluta convicción de que defender la cultura es defender el trabajo de los tucumanos.

